Está bien sentirse triste

Ok, se abre hilo para la controversia. Y aunque ese no es el objetivo, sé que este título podría resultar polémico porque vivimos en una sociedad en la que está mal visto sentirse triste, y mucho más ahora que existe una fuerte inclinación hacia la positividad (tóxica muchas veces). Pero después de dos años de altibajos, al fin comprendo y acepto que está bien sentirse triste.

Durante mucho tiempo me esforcé por estar siempre feliz y ver el lado positivo de las cosas, y aunque es algo que sigo haciendo, ahora comprendo que el sentirse triste también es parte del proceso de crecimiento. Muchas veces tenemos que tomar decisiones que aunque sean las correctas, pueden ser dolorosas.

Honra tus sentimientos

Darse el permiso de sentirse triste es honrar estos sentimientos. Es ver hacia adentro y observar esa herida, es darle la atención que necesita para ser sanada. Somos humanos y es completamente natural que sintamos tristeza, ira o enfado. Si no fueran importantes, no estarían ahí. Si no quisieran mostrarnos algo, no las sentiríamos.

Son señales para que miremos hacia adentro y prestemos atención a cosas que hemos venido ignorando. Que hemos tapado con un «estoy bien» que acompañamos con una sonrisa falsa.

Anteriormente he compartido aquí en el blog mi proceso de mudarme de país y aunque de verdad siento que he superado esa etapa, hay situaciones y comentarios a los que me enfrenté (y enfrento) que me ponían en una posición de duda ante lo que sentía: «pero era lo que querías» o «agradece que tienes un trabajo», y cómo olvidar «eres inconforme».

Puedes ser agradecida y a la vez sentirte triste

Todos esos comentarios me hacían dudar de la importancia de lo que sentía. Como si estuviese exagerando o peor aún, como si no fuera no suficientemente agradecida por todas las bendiciones que tengo en mi vida.

Pensaba: «Es verdad, tengo salud, mis seres queridos están bien, tengo un trabajo, una casa y vivo en una ciudad hermosa. No debería sentirme así», y automáticamente volvía a meter la tristeza debajo de la alfombra.

Es verdad que tengo muchas bendiciones y realmente estoy muy agradecida por ellas, pero eso no significa que no tenga permiso de experimentar tristeza. Es verdad que hay personas en el mundo con problemas graves de salud o situaciones más densas, pero dentro de MI VIDA y situación personal, yo también tengo los míos, y para mí, que soy la protagonista de MI VIDA, esos temas son importantes.

Entendí que cada persona vive su proceso y su experiencia única. Que cada persona atraviesa los desafíos necesarios para su crecimiento, y por ende, mis problemas y sentimientos son tan válidos como los de otra persona y que no debería subestimarlos.

No juzgues lo que sientes

También me di cuenta que cuando observaba mi tristeza con amor y compasión, sentía paz. Cuando me escuchaba, transitaba mi tristeza y conversaba directamente con ella, sentía cómo sanaba. Me di cuenta que al respetar lo que sentía, me respetaba a mi misma.

No juzgues lo que sientes. Si ya tienes a todo el mundo diciéndote que no deberías sentirte así, lo último que necesitas es que tú te juzgues por sentirte triste. Todo lo contrario. Tómate un café con la tristeza y navega por tu interior, estoy segura que así encontrarás la fuerza para cambiar esa situación.

Ahora, si eres tú la persona a la que han acudido para buscar un hombro, no juzgues a quien te pide ayuda. No hagas comparaciones ni minimices sus problemas. La mayoría de las veces las personas no queremos que nos digan qué hacer, sólo necesitamos que nos escuchen con presencia.

Date tiempo para sanar

Y finalmente, date tiempo para sanar. No siempre te vas a sentir así si tomas consciencia de ello. El primer paso es aceptar lo que sientes y respetarlo. Y si sientes que no puedes hacerlo sola, busca ayuda, en serio. Es hora de romper el tabú sobre la terapia. Contar con la ayuda de una persona con experiencia y que te inspire confianza marca una gran diferencia para superar esta etapa. A veces sólo necesitamos una persona imparcial que nos de otra perspectiva, y en otras ocasiones esa tristeza puede llevarnos a sanar heridas más profundas.

Cualquiera que sea tu caso, date la oportunidad de sanar. Te lo mereces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad